5 de junio de 2018

"LAS HOJITAS DE DON LUIS" - NÚMERO 43


CASOS Y COSAS DEL BEATO DON FELIPE RINALDI

Por Juan M. Espinosa sdb

I.- SÍ, PERO...

1.- Don Felipe Rinaldi veía poco con el ojo izquierdo. Pero con el derecho... ¡Qué vista la de Don Rinaldi!.
2.- Le dijo una y otra vez que no a Don Bosco. Pero cuando le dijo que sí... ¡Qué entrega total la de Don Rinaldi!
3.- Aparecía siempre calmo, relajado... Pero cuando repasamos sus innumerables iniciativas ...¡Qué actividad gigantesca la de Don Rinaldi!
4.- No pudo ir a tierras de América. Era su deseo... Pero cuando hojeamos su biografía... ¡Qué impulso entusiasta dio a las vocaciones misioneras D. Rinaldi!
5.- Con su bondad inalterable se hizo querer por todos. Pero Don Marcelino Olaechea le calificó como «el superior más audaz que ha tenido la congregación». ¡Cómo avanzó la Familia Salesiana siendo Don Rinaldi su valiente timonel!
6.- Pusieron timbres en la habitación. Pero se fue de puntillas... El 5 de diciembre de 1931, sentado en su sillón mientras leía la biografía de Don Miguel Rúa, murió solo, apaciblemente... ¡Qué delicadeza hasta el final la de Don Rinaldi!

II.- SORPRENDENTE...

1.- Felipe tiene pocos años. Un buen día de verano se confiesa con D. Bosco. El chico ve con estupor que el rostro del santo se ilumina con una misteriosa luz. No sería la única vez...
2.- En 1874 Rinaldi tiene 18 años. D. Bosco vuelve a Lu de Monferrato, el empinado y pintoresco pueblecito de Felipe. Una pobre mujer, con un brazo enfermo y las inseparables muletas, solicita del santo su curación. Ante los ojos como platos de Rinaldi aquella mujer recibe la bendición de Mª Auxiliadora, arroja las muletas y se marcha más alegre que un cascabel...
3.- A pesar de la gran emoción, el muchacho algo testarudillo sigue diciéndole a Don Bosco que no... Que lo suyo no es la vida religiosa ni el sacerdocio.
4.- D. Bosco anuncia a Felipe que acabarán las tremendas jaquecas y que la vista que tiene será más que suficiente para llegar a ser un lince...
5.- En 1877 Rinaldi tiene 21 años. Estudia en Sampierdarena. («Vocaciones tardías»). En 1880 es salesiano. En 1882 es ya sacerdote.
6.- Don Rinaldi se confiesa por última vez con Don Bosco. El santo le dice una sola palabra porque se encuentra fatigadísimo, cercano a la muerte: meditación. Don Felipe Rinaldi no la olvidará nunca....

III.- ALGUNAS SOMBRAS...

1.- Los santos son hombres. Elemental, querido lector... Menos mal que el Beato Felipe Rinaldi no lo disimuló...
2.- Monseñor Olaechea opina que «sufrió muchas angustias y dificultades» de tipo espiritual siendo Director e Inspector, Vicario general y Rector Mayor.
3.- En una carta dirigida al famoso Padre Maestro Don Julio Barberis, se desahogaba desde España (1891) de esta forma: «Voy tirando adelante tan distraído -sin hacer meditación ni Ejercicios Espirituales, sin confesarme, sin una buena palabra de los superiores- que si no me pierdo será un milagro más grande que el de Josué parando la marcha del sol».
4.- Llegó a Sarriá de Director. Fue duro para él por muchas y variadas razones. Confiaba al Cardenal Cagliero que «tenía un firme deseo de morir en la más oscura y lejana misión de la Patagonia».
5.- En sus últimos días le castigó el insomnio y apareció un sollozo rebelde a todo tratamiento. Le confiaba a su secretario: «No puedo alejar esta tristeza... El Señor nos ha dado la muerte como castigo. El premio viene luego».
6.- En sus veinte años largos de Vicario o Prefecto General, Don Rinaldi aguantó el tedio de las innumerables horas de despacho tramitando los más desagradables negocios económicos y disciplinares de la Congregación. Nos agrada poder saberlo y escribirlo.

IV.- DOS RETRATOS ADMIRABLES...

1.- El peso específico de dos eminentes salesianos avala su testimonio brillante, incluso por la calidad literaria. No contamos con espacio suficiente para reproducir entero su emocionado recuerdo. Solamente recogemos algunas pinceladas.
Don Salvador Rosés fue alumno de Sarriá durante cuatro años.
2.- Escribe, con su luminoso estilo de «alegría inalterable, suavidad de modos, paternidad profunda y difusiva, manazas de atleta, mirada tan suya... tan suya..., palabra cálida, espíritu humano y comprensivo. Su virtud subyugaba, su presencia se imponía, su paternidad conquistaba. Yo solamente puedo decir de él que a todos nos tenía embelesados».
3.- Don Guillermo Viñas, un mañico de buen paño, entró en los Salesianos de Sarriá porque le pegaban mucho en casa, según sus propias palabras. Tampoco ahorra encendidos elogios en loor de su admirado Don Rinaldi. «Buen mozo y guapo. Rostro lleno de fraternal bondad. Ojos... verdadero imán... sonrisa dulcemente pacífica y agradable. Sus palabras más bien pocas, como un maná para todos... Su porte exterior: elegancia, sencillez, dignidad. Perfume de sus virtudes...»

V.- TRES BOTONES, TRES...

1.- Un día Don Rinaldi recibió la visita de una chica que se encontraba en una situación muy delicada. Se desahogó con el Beato que le escuchó afablemente. En un momento determinado de la conversación, Don Rinaldi le pidió el bolso. Cuando la joven volvió a su casa, encontró dentro de él una cantidad de dinero que le permitió superar su dolorosa crisis.
2.- En Turín un profesor que perdía los nervios acude a Don Rinaldi exigiendo medidas severas para sus díscolos alumnos. Don Rinaldi compra dos billetes de tren y elige al profesor como acompañante. Habla con él durante el viaje sobre la dura vida del campo, sobre sus años jóvenes quemados en la fatiga de la labor.... En Chieri se convierte en su cicerone. El profesor encantado. A la vuelta, ya en Turín, habían desaparecido sus nervios desatados.
3.- Durante sus años de Vicario general apartaba las cartas más destempladas, las que contenían desfogues y hasta insultos intolerables... Adelantaba respuestas resumidas pero -según el testimonio de su secretario- no se mandaban al correo hasta después de un par de días. Entonces las repasaba limando posibles asperezas, seleccionando formas amables

VI.- OIGAMOS A DON RINALDI...

1.- La juventud es como la cera: se vence con el calor, se moldea fácilmente. El frío, el hielo, la endurecen...
2.- El carácter familiar marca con su impronta nuestras comunidades.
3.- El salesiano no debe darse aires... pero necesita mucho aire libre.
4.- No me he hecho salesiano para tener cuidado de mi salud.
5.- El control de nuestros nervios nos hace dueños de los demás.
6.- Es mejor ser violeta que cardo. Al cardo se le teme. Es verdad que la violeta puede ser pisoteada...
7.- Cuando se me acerca una chica, me pongo de pie y la recibo como hago con la Condesa Rebaudengo.
8.- Contestaré las cartas con prontitud y sin ninguna pasión ni alteración de ánimo.
9.- No se debe abandonar jamás el régimen del corazón. Vale más que el de la inteligencia.
10.- La vida de Don Bosco fue toda ella un ejercicio de paternidad. Su obra y sus hijos no pueden subsistir sin ella.
11.- El Oratorio debe ser la casa de todos. Aquí no debe reinar la política o el partido. Solamente el amor.

VII.- SU HUELLA PERDURARÁ...

Sor María Carla Noni viajaba en tren de Villanova a Modoví (20 de abril de 1945) cuando le alcanzó la metralla de tres aviones que bajaron a escasa altura persiguiendo al convoy.
El día de la Beatificación de don Rinaldi (29 de abril de 1990) oímos las palabras breves y encendidas de Sor María Carla, la monja del milagro, ahora octogenaria Madre General de las Hnas. Misioneras de la Pasión de Jesús.
Estaba abarrotada el aula magna de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma.
La impresionante cicatriz marca la mandíbula y recuerda el prodigio. Un pañuelo de D. Rinaldi fue la exclusiva medicina para la moribunda. El crecimiento del hueso en pocas horas constituye un caso rarísimo en la historia del nutrido elenco de favorecidos por algún santo.
La jornada vibrante, luminosa,  de la beatificación congregó a miles de entusiastas de la Familia Salesiana en la Plaza de San Pedro. Don Rinaldi en sus nueve años españoles abrió dieciséis casas en nuestra tierra y tres en Portugal.
El fundador de las «Voluntarias de Don Bosco» llenó su vida de fecundas realidades. (¡Cuántas cosas se nos quedan entre las ringleras del teclado!)...
Le escribía -como un niño a su madre- breves cartas a la Virgen. Se agarró fuerte y mucho a su manto...




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