12 de junio de 2018

"LAS HOJITAS DE DON LUIS" - NÚMERO 51


DON BOSCO ESCRITOR Y EDITOR

I.- DON BOSCO ESCRITOR

Desde 1844, apenas acabados sus estudios eclesiásticos, hasta el último año de su vida, Don Bosco no cesó de escribir libros y difundirlos por todas partes. En la Cronología, a principios de este volumen, pueden verse los títulos publicados, colocados cada uno en su año correspondiente. Son, en total, 135 obras. A continuación señalamos cómo se agrupan, y subrayamos aquellos grupos que quedan representados en este volumen con alguna de sus obras.
I.- Textos escolares: cinco obras: tres historias (de la Iglesia, Sagrada y de Italia) y dos textos de matemáticas (aritmética y sistema métrico).
II.- Libretos teatrales: dos obras y otras cuatro obras amenas más.
III.- Vidas de Santos:  27 obras. La mayoría, 17, son vidas de Papas.
IV.- Biografías y narraciones de fondo histórico: 13 obras (en el presente volumen se recogen 4 biografías de jóvenes).
V.- Publicaciones sobre instrucción religiosa y oración: 41 obras. Nueve de ellas son manuales de piedad, entre las que destaca El joven cristiano;  otras nueve son de tema mariano, entre las que se halla Asociación de devotos de María Auxiliadora; cuatro más tratan del jubile, y tres se refieren a devociones particulares. Las restantes son de instrucción religiosa, en su mayor parte para oponerse a la propaganda de los valdense.
VI.- Escritos relacionados con la Obra Salesiana: Son 31 en total. Distinguiremos dos grupos: 18 son informes sobre la Sociedad Salesiana o sucesivas redacciones de las Reglas. Los 13 restantes se refieren al Oratorio, a los colegios, a las Hijas de María Auxiliadora o a los Cooperadores.
VII.- Aunque se hayan publicado muchos años después de su muerte, hay que mencionar aquí las Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales, que dejó manuscritas, y el Epistolario, que, en cuatro volúmenes, recoge 2.845 cartas. En los últimos años han aparecido bastantes más, que darían más de un volumen. Estos números  son susceptibles de pequeños retoques, ya que es posible colocar alguna de las obras más breves entre las circulares y programas. Además está dentro de lo posible que se le haya contabilizado alguna obra que no sea suya, mientras que, por el contrario, haya quedado sin contabilizar alguna otra que realmente escribió.
Sorprende la envergadura de esta producción relativamente variada en un sacerdote ocupado intensamente en el ministerio sacerdotal y en la tarea pedagógica, en construcciones de grandes edificios y en cuestiones constantes a través de circulares, cartas, rifas y visitas, en la fundación de numerosas instituciones y en frecuentes viajes diplomáticos y propagandísticos.
Como autor presenta Don Bosco estos rasgos:
1) Finalidad edificante, es decir, de estímulo a la virtud. La historia no le interesa como ciencia, sino como fuente de ejemplaridad: éste es el criterio de selección entre los autores, a veces numerosos, que maneja. No es un crítico, sino un apóstol que predica a través de sus escritos.
2) Voluntad de llegar a muchos lectores, especialmente a los jóvenes y al pueblo sencillo. Efectivamente, busca hacerse entender con toda claridad, sin dificultades, sin cansar a los lectores con un estilo recargado. Escoge casos concretos, acciones ejemplares casi siempre, para aclarar lo que dice y mover a cumplirlo. Esta claridad fue fruto de un duro esfuerzo, llegando incluso a leer sus originales a personas de poca instrucción y cambiando lo escrito según sus reacciones.
3) Rapidez en la redacción. No le preocupa la originalidad; extrae y compila el material que tiene a mano si le parece adecuado. A veces deja frases sin terminar o construcciones sin sentido.
4) Resulta poco fluido en las exposiciones teóricas y, como hombre de acción, se mueve mejor en temas prácticos o concretos. Por su número y su calidad destacan las obras de género narrativo. Sin duda la historia era el campo del saber más adaptado a su temperamento.
5) Sentido de responsabilidad ante la palabra escrita.  Invita al diálogo a los lectores. Acepta las correcciones de otros, él mismo descubre formas más exactas de expresión. Retoca las diversas ediciones.

II.- DON BOSCO EDITOR

A sus treinta y cuatro años intenta llevar adelante un periódico: «L’Amico della gioventú». Dos veces a la semana saltaban a la palestra queriendo aportar una visión cristiana en plena efervescencia política (1849). Llegó hasta el número 61, lo que representa una vida de poco más de medio año. Fue, por lo tanto, una experiencia efímera por falta de suscriptores. El campo era difícil, sobre todo para quien se debía a tantas atenciones. Se conservan las cuentas que le presentó el impresor, pero hasta la fecha no se ha dado con una colección de dicho periódico.
1) Las lecturas Católicas.- Es su empresa editorial más conocidas, iniciada en marzo de 1853 con entregas quincenales; desde el segundo año, las entregas fueron mensuales, de unas 108 páginas. La puesta en marcha fue fruto de diálogos con sacerdotes y obispos. Formó sociedad con el obispo de Ivrea.
Hasta su muerte salieron 432 fascículos, de los que 130 merecieron reeditarse; de éstos uno llegó a las 22º edición. Don Bosco mismo es autor de unos 70 títulos. Las lecturas Católicas fueron, por ello, el cauce principal de su actividad publicística. Teniendo en cuenta que hasta 1860 hubo unos 9.000 asociados, y que éstos pasaron a 12.’’’ a partir de 1870, resulta que hasta su muerte repartió, por suscripción, un mínimo global de 5 millones de ejemplares. Más difícil es precisar cuántos libros sueltos, de la misma colección, llegaron a venderse. Las repetidas ediciones de varios de ellos llevan a la estimación de otros dos millones más. No entran en cuenta las ediciones, iniciadas ya en vida del santo, en francés y en español.
La colección, bendecida por el Papa y muchos obispos, tuvo, pues, una difusión excelente en aquella época, y llegó a los puntos más alejados de Italia (cf. Besucco c.5)
Aunque la administración quedó en manos de personas designadas por el obispo de Ivrea, sobre don Bosco gravaba la responsabilidad de programar, conseguir colaboraciones y suplir los posibles fallos. Las Lecturas Católicas fueron muy apreciadas, porque eran oportunas, vivas populares, puntuales y baratas, detalle este último, que ocasionó al santo quebraderos de cabeza cuando llegó la hora de liquidar las cuentas para empezar a imprimirlas y distribuirlas en el oratorio.
2) Biblioteca de la Juventud Italiana.- Obras literarias adaptadas a la Juventud. Dirigida por don Celestino Durando. Empezó en Enero de 1869 y cerró en el año 1885. Llegó al volumen 204. Contó con unos 3.000 suscriptores. Sus ejemplares sobrepasaron el medio millón.
3) Selección de autores latinos.- Empezó en 1865, dirigida por don Juan Bta. Francesia, con comentarios del mismo, de Vallauri, de Bacci y Lanfranchi. Siguió después la Serie griega, dirigida por Juan Garino. Proseguidas ambas series por la SEI hasta nuestros días, aunque en forma más moderna, la serie latina ha alcanzado 180 entregas, y la griega, 120.
4) Escritores latinos cristianos.- Empezó en 1.877 y dependió de don Juan Bta. Tamietti. Como es natural, se desarrolló menos que la anterior.
5) Boletín Salesiano.- Iniciado en 1.877, fue acompañado, ya en vida del santo, por las ediciones francesa en 1879 y castellana en 1.886. Es una revista mensual, muy difundida, con una tirada de cien mil ejemplares al morir el santo, de información e intercambio para toda la familia salesiana. El primer director fue don Juan Bonetti. Hoy salen 34 ediciones, con un total de 750.000 ejemplares al mes.
6) En 1885 comenzaron las Lecturas ascéticas, que hasta 1.889 llegaron  a 36 volúmenes, a los que hay que añadir los 53 de la Colección ascética, los 21 de la Pequeña biblioteca Ascética y los 57 Folletos ascéticos.
7) Este mismo año comenzó también la colección de Lecturas Dramáticas, que hasta 1.889 alcanzaron el número de 45 libretos. Parece del mismo año la Pequeña biblioteca del obrero, que hasta 1889 llegó a los 16 volúmenes.
8)  Lecturas amenas.- Son 18 volúmenes hasta 1.889.
El catálogo 1.881 de la Librería Salesiana era de 96 páginas, y del mismo hicieron 40.000 ejemplares. El de 1.889 mencionaba 2.500 obras disponibles entonces. Veremos cómo en marzo de 1.885 Don Bosco, en la carta que transcribimos a continuación calculaba en unos 20 millones los libros o libretos que había repartido entre el pueblo.

(SAN JUAN BOSCO, por Juan Canals Pujol y Antonio Martínez Azcona. B.A.C. nº 402, pág 788-791)


         
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